Las Apóstoles se colocan al servicio de la Iglesia y del pueblo de Dios, atendiendo las principales necesidades de la Iglesia y siendo presencia amorosa del Corazón de Jesús.
Las actividades de las Apóstoles en el área de la salud no se limitan apenas a la recuperación de la salud física, como también, se preocupan con la dimensión espiritual.
En un mundo marcado por divisiones, conflictos y heridas profundas, la reconciliación se vuelve uno de los signos más urgentes y necesarios del Evangelio.
Con la celebración de la Pascua, la Iglesia entra en el Tiempo Pascual, un período de cincuenta días en el que somos invitados a profundizar la experiencia de la Resurrección de Cristo.